No todas las historias se cuentan delante de una cámara. A veces, una actriz también encuentra en la escritura un espacio donde expresar emociones, pensamientos y preguntas que no siempre tienen una respuesta. Carla Miranda comparte en ocasiones textos personales que invitan a la reflexión y muestran una faceta íntima, creativa y profundamente literaria.
En uno de sus escritos publicados en redes sociales, la actriz comparte el siguiente texto:
Por vestibular me quedé sin vestíbulo propio y allanada en los ajenos
mi amiga me pidió soltar al cordero: tienes que entrenar a tu dragón, cuando lo saques no te tocarán ligamento. Escuece la pérdida, en terrazas, indigna, de albahaca, ahora están todos con Homero. La vuelta a casa, quizás yo sólo quiero desarraigarme de las fosas, nasal cuando tiemblo. Desaprender, ¿cómo se hace eso? Yo quiero seguir engullendo, troglodita, sempiterno. Pienso que no cabe albergar más sufrimiento, se extiende el albero por mis uñas, por las pestañas conocimiento que pego al sudor, transpira negro. La esencia se me deforma con música de payaso y espejo frente a la cama vigilando mientras duermo, de forma esotérica sin limpiarme los poros. Por ahí entra todo. Desbloquea, desbloquea, desbloquea. El cazador con espátula acabado perfecto toso hierro, vomita al juez traga al poeta que hace del sentido un deporte de riesgo. ¡Las hojas secas al caldero! El moño español, bajo, casto, alto cuando no llego. Contradigo por contradicha, por contrahecho y en contradicción a mí. Pido que me exilien del cuerpo me hidrato la cara no el seno con limón en ayunas, la cáscara de nuez en las moralejas de mi abuelo. Quien sube baja, baja a charlar con Dante, no te quedes mucho tiempo. Aferrarse al agotamiento de quien vigila el cementerio en el nombre de la Madre, al sol no se exponen los helechos. Los tacones rezuman el vino cobaya de experimento se nutre por apego a los violines de los maestros. La música la pongo yo no quiero batutas teledirigidas aspavientos de cobardes, no saben amar sin ejecutarme el cuello. María Antonieta no hables, come menos. Complejos te zurcen el polímero del hueso, ¿que más da? El ajuar lo tienes a reventar nobles cerezos, sabiduría intento apilar a los corales del intelecto. Lo que me queda lo deshecho por el mismo sitio que entra, la puerta el vertedero no reciclo y va cogiendo peso. Se instaura en el eco. Taparse los oídos para escuchar más alto, más adentro de lo que pudre, zafia cuando toca el yo, las formas las mantengo hasta que puedo. Los modales para mí flaquean en nombre del propio amor pero soy el mío, y primero, me pertenezco.
Más allá de su trayectoria como actriz, este texto refleja una voz creativa que utiliza las palabras como otra forma de interpretación. Entre imágenes poéticas, referencias literarias y emociones intensas, Carla Miranda construye un universo propio que invita a cada lector a encontrar su propia lectura.
La interpretación y la escritura comparten una misma esencia: ambas buscan emocionar, provocar preguntas y dejar huella. En este texto, Carla demuestra que su creatividad no se limita al cine o al escenario, sino que también encuentra un espacio en la literatura y en la expresión personal.

